martes, 2 de diciembre de 2014

Montaña Rusa

Por qué cuando uno lo da todo por alguien se tiende a recibir menos de una pisca de lo que se espera. Yo, me enamoré, y se supone que el amor es lo que todos buscamos, llega a ser una meta típica del ser humano. Pero cómo darnos cuenta que encontramos la felicidad si para mí el amor no significa más que decepciones y noches de lágrimas.

La cultura nos enseña a darlo todo, a luchar por lo que queremos y a perseguir nuestros sueños, pero no nos enseña que muchas veces ese sueño puede rotar en 360 grados y resultar todo lo contrario a lo que uno esperaba. Muchas veces lo dimos todo, nos sentíamos las más preocupadas y dedicadas por algo…es decir, por alguien, y lentamente esa dedicación y ese tiempo invertido pasaban a ser tiempo perdido y un desgaste emocional que solo una persona enamorada puede entender. Sí, porque dudo que existan las palabras para describir lo que se siente tener el corazón roto, y dudo aún más que se hayan inventado las palabras para describir lo que se siente que te hayan roto el corazón más de una vez y por la misma persona.

Como ya lo había mencionado, yo me enamoré, y no sabía que estaba enamorada hasta hace muy poco. Tuve una corta relación con una persona a la que llamaremos ‘Juan’ a lo largo de la historia. Juan era maravilloso, es más, para mí lo sigue siendo. Fue la primera persona con la que sentí la necesidad de planear un futuro, de ver más allá, fue la primera persona con la que me sentí mujer (aunque suene de lo más chulo), él siempre me hizo sentir linda, coqueta, segura. Juan me hacía feliz.

Yo soy una partidaria de que el tiempo no limita una relación, por lo que me complace decir que solo duré tres meses con este sujeto. Pero obviamente, como la actualidad lo denomina, el remember pasó a ser una etapa más de la relación. La última vez que estuve con Juan fue el domingo pasado y terminamos hace más de un año.

Y como ilusa mujer enamorada (sin ofender a nadie), siempre le creí todo. Él como buen saco de wea, disculpando mi expresión, me hizo ilusiones de esas propias de cuentos de hadas, esas ilusiones que duelen cuando no se cumplen. Y me encantaría decir que fue una vez, pero fueron cuatro, cinco o hasta seis veces en las que yo le creí e imaginé esa vida perfecta con él.

Y se preguntarán por qué, ilusa Antonia, sigues pensando en él. ¿Acaso mis amigas y mi familia no me advirtieron que no debía volver a caer en el mismo juego una y otra vez?

 La verdad, dudo que alguna persona me haya dicho que me la jugara por él, ya que todos sabían lo que habíamos pasado y lo ridículo que era volver a creerle a una persona que, no dos ni tres veces, sino seis veces me prometió lo mismo y nunca concretó nada.

Parece una broma, no es así. Y yo no sé, luego de haber ido a terapia psicológica para darme cuenta que yo no era el problema, sino que él no tiene remedio, luego de haber llorado noches enteras y de haber bajado mis notas de la universidad más o de la misma manera en la que bajé de peso (porque sí, esas cosas pasan cuando uno se enamora de la persona equivocada), aún no me doy cuenta de que tengo que sacarlo de mi vida. De que Juan tiene que desaparecer de mi lista de contactos, de mis amigos de Facebook y de mis conversaciones de WhatsApp. Lo tengo todo claro, así como el agua del Mapocho.

Y sigo repitiéndome que soy una tonta, que estoy enferma, que, digna de una canción de Aventura, sigo repitiéndome que no es amor, sino obsesión. Y ni eso es suficiente para que deje de querer ser la mina de su vida.

He estado con por lo menos cuatro personas para volver a rehacer mi vida, pero no soy capaz de entregarme. Y me encantaría echarle la culpa al miedo de volver a tener una relación, ya que eso me ahorraría cientos de excusas. Que rabia pensar que es por el hecho de no querer perderlo nunca, aunque ya lo haya perdido miles de veces y me haya sentido como basura.
La idea era que este post no fuera una declaración depresiva, sino un desahogo de mi estado anímico, pero espero no ser la única que se haya sentido así por un hombre que pareciera no valer la pena. Quiero creer que es una recaída básica y que mañana podré volver a salir con mi pololo y mirarlo a los ojos sintiéndome una hipócrita e inconsecuente por estar haciéndole a alguien lo que me hicieron pasar a mí por tanto tiempo. Espero que las lágrimas y el dolor que sentí hoy no vuelvan a aparecer por mucho tiempo, espero ser fuerte y no volver a caer, pero la verdad es que yo soy la que no quiere salir de esa montaña Rusa que tanto placer y dolor me da.

Maldita sea.


Dicen que el amor es la meta de muchos seres humanos…yo les digo a todos esos valientes enamorados que los admiro por su fortaleza, ya que yo creo que nunca me había sentido más desnuda que estando enamorada.