Por qué cuando uno lo da todo por alguien se tiende
a recibir menos de una pisca de lo que se espera. Yo, me enamoré, y se supone
que el amor es lo que todos buscamos, llega a ser una meta típica del ser
humano. Pero cómo darnos cuenta que encontramos la felicidad si para mí el amor
no significa más que decepciones y noches de lágrimas.
La cultura nos enseña a darlo todo, a luchar por lo
que queremos y a perseguir nuestros sueños, pero no nos enseña que muchas veces
ese sueño puede rotar en 360 grados y resultar todo lo contrario a lo que uno
esperaba. Muchas veces lo dimos todo, nos sentíamos las más preocupadas y
dedicadas por algo…es decir, por alguien, y lentamente esa dedicación y ese
tiempo invertido pasaban a ser tiempo perdido y un desgaste emocional que solo
una persona enamorada puede entender. Sí, porque dudo que existan las palabras
para describir lo que se siente tener el corazón roto, y dudo aún más que se
hayan inventado las palabras para describir lo que se siente que te hayan roto
el corazón más de una vez y por la misma persona.
Como ya lo había mencionado, yo me enamoré, y no
sabía que estaba enamorada hasta hace muy poco. Tuve una corta relación con una
persona a la que llamaremos ‘Juan’ a lo largo de la historia. Juan era
maravilloso, es más, para mí lo sigue siendo. Fue la primera persona con la que
sentí la necesidad de planear un futuro, de ver más allá, fue la primera
persona con la que me sentí mujer (aunque suene de lo más chulo), él siempre me
hizo sentir linda, coqueta, segura. Juan me hacía feliz.
Yo soy una partidaria de que el tiempo no limita una
relación, por lo que me complace decir que solo duré tres meses con este
sujeto. Pero obviamente, como la actualidad lo denomina, el remember pasó a ser una etapa más de la
relación. La última vez que estuve con Juan fue el domingo pasado y terminamos
hace más de un año.
Y como ilusa mujer enamorada (sin ofender a nadie),
siempre le creí todo. Él como buen saco de wea, disculpando mi expresión, me
hizo ilusiones de esas propias de cuentos de hadas, esas ilusiones que duelen
cuando no se cumplen. Y me encantaría decir que fue una vez, pero fueron
cuatro, cinco o hasta seis veces en las que yo le creí e imaginé esa vida
perfecta con él.
Y se preguntarán por qué, ilusa Antonia, sigues
pensando en él. ¿Acaso mis amigas y mi familia no me advirtieron que no debía
volver a caer en el mismo juego una y otra vez?
La verdad,
dudo que alguna persona me haya dicho que me la jugara por él, ya que todos
sabían lo que habíamos pasado y lo ridículo que era volver a creerle a una
persona que, no dos ni tres veces, sino seis veces me prometió lo mismo y nunca
concretó nada.
Parece una broma, no es así. Y yo no sé, luego de
haber ido a terapia psicológica para darme cuenta que yo no era el problema,
sino que él no tiene remedio, luego de haber llorado noches enteras y de haber
bajado mis notas de la universidad más o de la misma manera en la que bajé de
peso (porque sí, esas cosas pasan cuando uno se enamora de la persona
equivocada), aún no me doy cuenta de que tengo que sacarlo de mi vida. De que
Juan tiene que desaparecer de mi lista de contactos, de mis amigos de Facebook y
de mis conversaciones de WhatsApp. Lo tengo todo claro, así como el agua del
Mapocho.
Y sigo repitiéndome que soy una tonta, que estoy
enferma, que, digna de una canción de Aventura, sigo repitiéndome que no es
amor, sino obsesión. Y ni eso es suficiente para que deje de querer ser la mina
de su vida.
He estado con por lo menos cuatro personas para
volver a rehacer mi vida, pero no soy capaz de entregarme. Y me encantaría
echarle la culpa al miedo de volver a tener una relación, ya que eso me
ahorraría cientos de excusas. Que rabia pensar que es por el hecho de no querer
perderlo nunca, aunque ya lo haya perdido miles de veces y me haya sentido como
basura.
La idea era que este post no fuera una declaración
depresiva, sino un desahogo de mi estado anímico, pero espero no ser la única
que se haya sentido así por un hombre que pareciera no valer la pena. Quiero creer
que es una recaída básica y que mañana podré volver a salir con mi pololo y
mirarlo a los ojos sintiéndome una hipócrita e inconsecuente por estar
haciéndole a alguien lo que me hicieron pasar a mí por tanto tiempo. Espero que
las lágrimas y el dolor que sentí hoy no vuelvan a aparecer por mucho tiempo,
espero ser fuerte y no volver a caer, pero la verdad es que yo soy la que no
quiere salir de esa montaña Rusa que tanto placer y dolor me da.
Maldita sea.
Dicen que el amor es la meta de muchos seres humanos…yo
les digo a todos esos valientes enamorados que los admiro por su fortaleza, ya
que yo creo que nunca me había sentido más desnuda que estando enamorada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario